
En este territorio de enclaves insospechados se resume toda la belleza y el exotismo del encuentro entre el carácter de los Pirineos y la sutileza del Mediterráneo. No hay aquí un solo valle que no oculte una ermita, ni cala que no abrigue pueblo de pescadores. Descubrir el rastro de antiguas culturas, tradiciones gastronómicas y actividades derivadas de nuestra hospitalidad es un reto que ningún espíritu inquieto puede rechazar.
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